Fuente: Clarincom

Cuba acaba de sufrir un nuevo revés en su intento desesperado por abastecerse de combustible. Un petrolero ruso, originalmente destinado a entregar 242.000 barriles de diésel a la isla, cambió su rumbo en el trayecto y ahora apunta hacia Sudamérica. Este giro inesperado agudiza la crisis energética que golpea día a día a los cubanos, quienes ya soportan apagones y restricciones por la ineficiencia del régimen socialista.

El desvío del embarque ocurre en el contexto de la presión renovada de la administración Trump, decidida a asfixiar al castrismo y sus aliados limitando fuentes externas de energía. Washington ha endurecido sanciones y restricciones para frenar el financiamiento de la dictadura cubana, que sigue dependiendo totalmente de mercados y ayudas extranjeras, signo de su inviabilidad productiva tras décadas de intervencionismo estatal.

Sin soluciones a la vista y con el respaldo internacional en caída, el régimen de La Habana enfrenta cada vez mayores problemas para importar combustible y garantizar servicios básicos. Cuba es una muestra clara del fracaso del socialismo estatista: dependientes, atrasados y cada vez más aislados. La crisis energética es sólo otro síntoma de un modelo agotado.