Fuente: WhiteHouse
La Casa Blanca comunicó que, según un análisis reciente, los Working Families Tax Cuts representaron el mayor alivio fiscal hasta la fecha para familias y trabajadores en todo Estados Unidos. El mensaje, compartido por los canales oficiales del gobierno de Joe Biden, destaca que estos recortes impositivos están orientados a beneficiar directamente a la clase media y asalariados.
Desde la llegada al poder de la administración demócrata, la promesa fue gravar a los grandes capitales y redistribuir por medio de políticas fiscales activas. Sin embargo, la realidad es que el intervencionismo fiscal y el aumento del gasto público solo profundizaron la inflación y el déficit. Estos anuncios de “alivio” resultan, en gran parte, una corrección mínima frente a una presión impositiva asfixiante y un contexto en el que la inflación anual sigue erosionando el poder adquisitivo de las familias más allá de cualquier rebaja temporal.
La retórica oficialista insiste en que “más dinero vuelve al bolsillo donde pertenece”, pero la economía estadounidense acusa golpe tras golpe por medidas progresistas que desalientan la inversión, sobrecargan el déficit fiscal y terminan condenando a las generaciones presentes y futuras a una menor prosperidad. La verdadera reforma pasaría por achicar el Estado, reducir impuestos de fondo y liberar el potencial privado—no por parches y marketing fiscal.




