Fuente: AgustinLaje

Lula Da Silva, presidente de Brasil y referente del ala dura del socialismo latinoamericano, manifestó públicamente su descontento por la reciente decisión del senador estadounidense Marco Rubio. Rubio sumó a dos violentos grupos criminales de Brasil a la lista de organizaciones terroristas, lo que generó críticas inmediatas del mandatario brasileño.

Lejos de respaldar una acción clara contra el narcotráfico y el crimen organizado, Lula se mostró decepcionado por la calificación impuesta desde Washington. La reacción causa ruido especialmente frente al aumento del poder narco en regiones como Río de Janeiro y São Paulo, donde las bandas no solo desafían al Estado, sino que afectan la vida cotidiana de millones de brasileños.

La postura de Lula vuelve a dejar expuesta la connivencia progresista con el crimen y el descrédito hacia las políticas de orden y seguridad impulsadas desde el hemisferio norte. Mientras la administración Biden se muestra ambigua en su accionar, son figuras republicanas como Rubio quienes ponen cifras y nombres a las amenazas reales. El progresismo latinoamericano, como de costumbre, se ubica del lado menos conveniente para la seguridad ciudadana.