Fuente: Clarincom

Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, cuestionó esta semana la reciente decisión de Estados Unidos de incluir a dos principales organizaciones criminales brasileñas en su listado de grupos terroristas. Washington oficializó esta calificación en respuesta a la creciente actividad de narcotráfico y violencia internacional de las bandas Primeiro Comando da Capital (PCC) y Comando Vermelho, que operan desde territorio brasileño con ramificaciones en países vecinos.

Lula defendió la soberanía y autonomía de Brasil, afirmando: "No aceptamos ser tratados como niños", en clara alusión a lo que percibe como una intromisión injustificada de la Casa Blanca en asuntos internos sudamericanos. El mandatario remarcó que el Estado brasileño combate el crimen organizado bajo sus propias reglas y prioridades y desestimó la legitimidad de la definición estadounidense.

La polémica se intensificó luego de que Flavio Bolsonaro, referente de la oposición, aprovechara el conflicto para exigir una respuesta más contundente del gobierno de Lula contra el crimen organizado. El presidente, visiblemente molesto, contestó los dichos de Bolsonaro y reivindicó las políticas de seguridad implementadas por su gestión. La tensión diplomática deja en evidencia la histórica incomodidad de líderes de izquierda ante señales de firmeza y orden internacional.