Fuente: Clarincom

Donald Trump, expresidente de Estados Unidos, firmó una orden ejecutiva que introduce un sistema voluntario destinado a analizar los riesgos asociados a los modelos de inteligencia artificial más avanzados. Este mecanismo permitirá al gobierno federal evaluar aspectos críticos vinculados a la seguridad nacional durante un periodo de 30 días, previo al despliegue de estas tecnologías.

La medida responde a las crecientes preocupaciones internacionales sobre el potencial uso indebido de la IA y su impacto en infraestructuras sensibles, defensa y soberanía tecnológica. Trump opta por la vía de la supervisión estatal limitada, mostrando que el enfoque pro-mercado y pro-innovación puede convivir con garantías mínimas de control, sin caer en el intervencionismo asfixiante típico del mundo progre.

La decisión, lejos de paralizar al sector tecnológico, apunta a impulsar la responsabilidad y el desarrollo seguro bajo la premisa de que el avance privado, bajo ciertos estándares, es compatible con la protección de los ciudadanos. El experimento, bajo la batuta republicana, deja claro que la libertad de empresa y la defensa nacional no tienen por qué ser excluyentes.